UN SUEÑO EXTRAÑO

Había una vez una niña que se llamaba Andrea y tenía doce años, su hermana pequeña se llamaba Ainhoa y tenía cinco, ambas vivían en un pequeño pueblo del pirineo.

Las niñas estaban en su habitación cuando entró un rayo de sol por la ventana y de repente sonó también el despertador con un sonido ensordecedor. Se despertaron de un salto.

La más pequeña, frotándose los ojos, preguntó extrañada si ocurría algo con tanto ruido, a lo que la mayor respondió que debían vestirse, desayunar e ir a la escuela. Así lo hicieron.

Las dos primeras horas de la mañana pasaron y ya era hora del recreo. Andrea se fue a jugar a su juego favorito: el “pilla pilla”, le encantaba corretear libremente por el patio intentando atrapar a sus compañeros, era veloz como una gacela. Mientras tanto, su hermana se fue a jugar con sus amigas a casitas bajo los árboles del patio.

Una vez terminado el patio la mañana transcurrió entre clases de gimnasia y música. ¡Qué bien se lo pasaban las chicas con estas asignaturas! En menos de lo esperado ya era la hora de comer, como decía su maestra: “cuando uno se lo está pasando bien, el tiempo pasa volando”.

Se pusieron camino para casa, allí les esperaba su madre con su menú favorito ya preparado: espaguetis, pollo rebozado con patatas fritas y una manzana para el postre. Comieron juntas, con el televisor apagado, contándose anécdotas del cole. Ese era su momento favorito con mamá.

Una vez terminaron de comer regresaron a la escuela, pues las niñas también tenían clase por la tarde. Una vez allí, una de las maestras le comunicó a Andrea y a los demás que a partir de ese mismo día, se cerrarían todas las escuelas durante muchas semanas a causa de un virus.

Andrea fue en busca de su hermana y en silencio regresaron de nuevo a casa. Estaba algo triste y preocupada. “¿De verdad se cierran todos las escuelas?” – Pensaba – “¿Cuándo volveré a ver a mis maestras?”. Su hermana, sin embargo, andaba más tranquila, tal vez ella no comprendía del todo lo que ocurría…

Una vez en casa, la rutina de las hermanas fue la de siempre: terminar tareas, jugar juntas un ratito a juegos de mesa y cenar con sus padres, que al parecer, ya sabían la noticia y aunque no quisieron hablar del tema delante de la más pequeña, su madre les puso una de sus películas favoritas antes de ir a dormir.

Al día siguiente Andrea aun estaba durmiendo cuando Ainhoa saltó de repente en su cama diciéndole que ya era hora de ir a la escuela, con paciencia ella le intentó explicar de nuevo cual era la razón por la que no irían a la escuela esta vez.

- Pero entonces, no voy a poder ver a mis compañeros ni a las maestras. Si no vamos a ir a clase, ¿cómo voy yo a aprender? - dijo Ainhoa algo preocupada.

Andrea le respondió a su hermanita que no tenía que preocuparse. Que leerían y aprenderían juntas en casa y que posiblemente, si hacían caso de lo que decían en las noticias que miraban sus padres por internet, tal vez la situación se terminaría pronto y todo volvería a la normalidad.

Después de esta charla, pasó un mes, y un día, por la mañana, Andrea se despertó de un salto sin necesidad de su despertador ni de su hermana. Resulta que había soñado que por culpa de un virus, se habían quedado sin escuela y sin salir de casa. ¡Suerte que sólo había sido un sueño!

Fin

JUDIT BACARÍA

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